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La salud es responsabilidad de todos

Rafael Carles

group of people cheering while looking at the sun

Muchas veces escucho personas, incluso médicos y expertos en salud pública, decir que la salud está en nuestras manos y que cada uno es responsable de su salud. Lamentablemente, esa es la esencia del pensamiento erróneo sobre la salud pública. Estas palabras también capturan el sesgo generalizado que se interpone en el camino para hacer frente a las pandemias de COVID-19 y obesidad. Esta es la presunción de que la responsabilidad personal cuidará de la salud pública.

Y por eso es que estamos como estamos y terminamos siempre aprendiendo de la manera más difícil.

Seguir pautas de salud pública siempre se interpretó como un imperativo moral y un deber cívico. Los que no cumplían con estas pautas eran estigmatizados, avergonzados y se les catalogaba como una amenaza para la salud pública y el orden moral. Y de acuerdo a las leyes existentes, se castigaba a los infractores.

Es decir, nunca se debe convertir la salud pública en una batalla donde haya posibilidades para elección personal de nadie. Eso es un error fatal. En primer lugar, en un caso como el COVID que es una enfermedad infecciosa, el virus se propaga de persona a persona. Entonces, mi salud no está completamente en mis manos. Depende también de las decisiones de mis vecinos.

Pero también, la capacidad de tomar decisiones sobre nuestra salud está limitada por las circunstancias. Si tenemos un trabajo de bajos ingresos donde ganamos un salario por hora y no tenemos licencia por incapacidad, es posible que no podamos aislarnos si comenzamos a tener síntomas. Igualmente, es posible que no podamos encontrar el tiempo para hacernos una prueba o programar una cita para vacunarnos.
Esto es algo que los funcionarios de salud pública deberían entender más que nadie.

Entonces, honestamente, si nos burlamos y criticamos a las personas que toman malas decisiones, como era patético diariamente cuando se hacían las conferencias de prensa sobre COVID, estamos cometiendo un error y no entendemos el punto. Esas malas decisiones pueden reflejar fácilmente problemas del mismo sistema. A menudo la gente no tiene acceso a buena información y fuentes confiables de atención médica. Viven en comunidades que no reciben nada más que atención deficiente y desinformación. Vivimos en un país con una inequidad en salud pública. Este es un problema sistémico, no es un fracaso personal.

Y ese mismo fracaso lo vemos cuando tratamos de buscar responsables por la epidemia de obesidad. Todos pensamos que comer más verduras resolverá un problema sistémico que se ha estado incubando durante décadas. Pero la verdad es que eso no es así. La solución no será tan fácil como pedirle a la población que coma lechugas o haga ejercicios. Y en el camino, siempre lo he dicho, esta narrativa se ha convertido en una excusa para racionalizar las inequidades sistémicas.

Por lo tanto, ese pregón de que la salud es responsabilidad personal no apoya para nada la salud pública. Al contrario, la socava. En cambio, deberíamos todos como país llegar a un acuerdo para reparar y eliminar los sistemas de inequidad y desinformación que están causando estos problemas.